Saturday, September 8, 2012

La isla de los pescadores furtivos

La isla de los pescadores furtivos

El gobierno de Raúl Castro no ha eliminado una absurda prohibición
decretada por su hermano: la de que un cubano pueda pescar cerca de la
costa.
Rolando Cartaya/ martinoticias.com
septiembre 08, 2012

"Si quieren comer que coman moringa, que el pescado no alcanza para
todos", me dijo en tono jocoso el director del semanario Primavera
Digital, Juan González Febles, tratando de meterse en la mente de Fidel
Castro, pescador submarino él mismo en su juventud, pero que decretó a
fines de los años 90 una absurda prohibición a los cubanos de pescar en
las aguas del extenso litoral de la isla.

No es sólo el pescado: en un país que tiene que importar hasta el 80 por
ciento de los alimentos, a los cubanos de a pie el gobierno "les pone en
China" el consumo de la necesaria proteína animal: desde el alto precio
de la legal --y por temporadas incapturable-- carne de cerdo, hasta la
persecución contra la venta ilegal de carne de res (la venta legal no
existe); y para rematar, la prohibición de pescar en las costas, que se
encargan de hacer cumplir las Tropas Guardafronteras.

Ese cuerpo militar acaba de informar los resultados de su gestión
represiva en lo que va de año, y la cifra de los que se rebelan contra
la absurda medida va en aumento: mil 94 ciudadanos fueron reprimidos
desde el primero de enero al 31 de agosto de 2012, de ellos, 282
pescadores submarinos ilegales. Más –precisa el informe-- que en el
mismo período del año pasado.

La información rebotada por los medios oficiales revela al mismo tiempo
el extremismo de la represión y la recursividad de los cubanos para
agenciarse medios de vida.

En el mencionado lapso fueron confiscados avíos de pesca que incluían 51
mil 273 metros de red, dos mil 171 metros de trasmallo y mil 340 metros
de palangre.

También, mil 820 metros de chinchorro, 90 nasas, 166 pares de patas de
rana, 137 snorkels, 289 caretas y 166 escopetas de pesca.

Y por supuesto, las capturas y las balsas (popularmente llamadas
"corchos") en que se hacen a la mar los pescadores furtivos, también
fueron decomisadas: más de 737 kilogramos de quelonios; más de tres mil
900 kilos de langosta, dos mil 782 kilogramos de pescado, y 429
"artilugios", definidos como "medios navales rústicos sin motor".

Acerca de la guerra interminable entre los llamados "corcheros" y el
Estado del Hortelano ha escrito en Cubanet el periodista independiente
Frank Correa, quien reside en Jaimanitas, un pueblo de pescadores
furtivos no muy lejos del búnker de Fidel Castro, en el oeste de La Habana.

Explica Correa que los "corcheros", cuyo patronímico les viene del
material de poliespuma con que construyen sus rústicos botes o
"corchos", son miles de pescadores de toda Cuba, que intentan dar
sustento a sus familias con las riquezas del mar. Algunos separan una
parte de la captura para venederla, pero la mayoría pesca para comer.

Recuerda el autor que siempre han existido, pero que desde la llegada
del período especial en los 90 su número creció, a tal el punto que el
Consejo de Estado emitió un decreto-ley prohibiendo la pesca en
embarcaciones rústicas, que contempla el decomiso del corcho, la
incautación de avíos y herramientas, y la imposición de multas.

En un operativo típico de recogida de botes que describía el colega a
fines del 2011, hubo 27 corchos incautados, confiscación del pescado y
los avíos, multas de hasta mil pesos, y multas adicionales por "falta
de respeto a la autoridad", cuando algunos corcheros intentaron
reclamar sus derechos.

Nilo Ruiz --un pescador de Santa Fé, el siguiente pueblo saliendo de La
Habana por la carretera del Mariel-- ha querido agremiar a los
corcheros y propone pagar un impuesto al Estado para que les dejen
pescar. Argumenta que es una tradición de los pueblos costeros de todo
el país, y que da sustento a muchas familias. Ha solicitado en
numerosas ocasiones reunirse con las autoridades. Jamás recibió respuesta.

Antiguamente los pescadores podían solicitar licencias de pesca, pero
Correa me dijo vía telefónica que ya no se expiden, y que los pescadores
viejos que todavía las tienen han ido perdiendo sus embarcaciones, pues
ya no hay donde carenarlas y repararlas.

Lo indignante del caso es que la prohibición de pescar funciona según la
ley del embudo que rige tantos aspectos de la vida en Cuba: ancho para
los de arriba; estrecho para los de abajo.

Escribe el colaborador de Cubanet que un fabricante de corchos y
pescador de Jaimanitas conocido como Mayo, le escribió a José Ramón
Machado Ventura, vicepresidente de los Consejos de Estado y de
Ministros. Aunque los demás corcheros no creen que el dirigente vaya a
hacer algo por ellos, Mayo tiene esperanzas. Señala Correa que él
siempre habla de una vez que le sirvió de guía a Machado Ventura en una
pesquería e hicieron muy buena pesca.

Tal vez justamente porque la ley no es pareja, los corcheros insisten
en desafiar a estos tiburones de tierra que se mojan, pero no salpican.
Según me dice el colega de Jaimanitas, "a la gente le quitan el corcho
hoy, y mañana fabrican otro y vuelven a salir por otro lado".

http://www.martinoticias.com/content/article/14476.html

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